Cinco pasos: tu negocio, tu cliente, los productos, las condiciones y listo. Te queda un documento A4 con tu logo para bajar en PDF, y el mismo presupuesto en texto para pegar donde quieras. Sin registro, sin instalar nada y sin que tus precios salgan de tu navegador.
Paso 1 de 5: Tu negocio
Esto es un presupuesto, no una factura: sirve para cerrar la venta, pero no tiene validez fiscal. El comprobante lo emitís después, cuando el cliente te paga. Todo lo que cargás se procesa en tu navegador: no se sube nada a ningún servidor.
La mayoría de los presupuestos que circulan por ahí son un mensaje escrito a las apuradas: tres renglones, un número y nada más. Funcionan para vender una vez, pero no para cerrar trabajos grandes ni para que el cliente te compare con otro y te elija. Un presupuesto bien hecho dice quién lo emite, a quién va dirigido, qué incluye ítem por ítem con cantidades y precios unitarios, cuánto es el total y hasta cuándo vale ese precio. Esta plantilla te lo va pidiendo en ese orden, en cinco pasos cortos, y te devuelve un documento A4 con tu logo listo para bajar en PDF.
No hay nada que aprender ni que configurar. Cargás el nombre de tu negocio una sola vez —queda guardado en tu navegador para la próxima—, escribís a quién le estás cotizando, sumás las filas de productos con cantidad y precio, y elegís las condiciones. En cada paso ves el total actualizado, y desde el tercero ya tenés la vista previa del documento al lado: lo que ves es exactamente lo que va a recibir tu cliente.
En Argentina un presupuesto sin fecha de vencimiento es una promesa que no podés cumplir. Entre que cotizás y que el cliente decide pueden pasar tres semanas, y en el medio te aumentó el proveedor. Por eso la herramienta viene con vigencia de 48 horas por defecto y te muestra la fecha y la hora exactas en las que caduca, impresas en el documento y también en el texto. No es ser antipático: es decir la verdad de entrada y evitar la discusión incómoda después. Si querés dar más aire, tenés 7 o 15 días; si el cliente quiere asegurarse el número, agregás una seña y el presupuesto ya sale diciendo cuánto tiene que dejar para congelar el precio.
Todo pasa dentro de tu navegador: los productos, los precios y el nombre de tu cliente no viajan a ningún servidor y se van cuando cerrás la pestaña. Lo único que se guarda en tu dispositivo son los datos de tu negocio, y los borrás cuando quieras con “Olvidar mis datos”. Es gratis, sin cuenta, sin dejar el mail y sin límite de presupuestos.
En cinco pasos: cargás los datos de tu negocio, el nombre del cliente, los productos con cantidad y precio unitario, las condiciones (hasta cuándo vale el precio, descuento, envío, seña) y listo. Al final tenés el documento armado en una hoja A4 para bajar en PDF y el mismo presupuesto en texto plano para pegar en un chat o en un mail. No hace falta registrarse, ni dejar el mail, ni instalar nada: son unos 30 segundos.
Cinco cosas: quién lo emite (tu negocio, con tu teléfono para que te puedan contestar), a quién va dirigido, el detalle de qué incluye con cantidades y precios unitarios, el total claro y sin letra chica, y hasta cuándo vale ese precio. Si falta el detalle por ítem, el cliente no puede comparar y va a pedir que se lo desglosés. Si falta el vencimiento, el precio queda abierto para siempre. Esta plantilla ya trae todo eso en el orden en que se lee.
Porque en Argentina un precio de hace dos semanas ya no es tu precio. Si el presupuesto no dice hasta cuándo vale, el cliente aparece al mes con la captura y te reclama ese número, y ahí o perdés plata o quedás mal. Poner «válido por 48 horas» no es ser antipático: es decir la verdad de entrada. La herramienta calcula la fecha y la hora exactas y las imprime en el documento, así no queda a interpretación.
No. Un presupuesto es una oferta comercial: dice cuánto sale algo, qué incluye y hasta cuándo mantenés ese precio. No reemplaza a la factura ni al remito y no se declara ante ARCA. Cuando el cliente acepta y te paga, ahí emitís el comprobante fiscal que corresponda. Por eso el documento lo aclara en el pie: es para cerrar la venta, no para rendir impuestos.
Con el botón «Descargar PDF» del último paso. Se abre el diálogo de impresión del navegador: en «Destino» elegí Guardar como PDF y guardalo donde quieras. Sale en A4, con tu logo arriba, el número de presupuesto, las fechas, la tabla de ítems y el total destacado. Un presupuesto de hasta 15 ítems entra en una sola hoja. No se sube ningún archivo a ningún servidor: el PDF lo arma tu propia computadora.
No. Todo lo que cargás se procesa en tu navegador y desaparece al cerrar la pestaña: ni los productos, ni los precios, ni el nombre del cliente salen de tu dispositivo. Lo único que queda guardado son los datos de tu negocio (nombre, teléfono y logo) para no hacerte tipear lo mismo cada vez, y tenés el botón «Olvidar mis datos» en el primer paso para borrarlos cuando quieras. Si necesitás llevar registro de lo que cotizaste, eso ya es trabajo de Zafo, no de una herramienta suelta.
En Zafo el presupuesto que aceptan se convierte en pedido: descuenta stock, cobra, factura y le avisa al cliente sin que toques nada. La misma prolijidad, pero enganchada a tu negocio.
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